Había viajado con la idea de despejar la mente, era un fin de semana largo y no pretendía mas que un descanso en cualquier lugar distinto al de siempre. Y así fue el primer día, muy suelta pero siempre atenta a la imagen que iba a reflejar en cada foto vanidosa que tomáramos, siendo una turista casual, admirando los antiquísimos monumentos y todas las atracciones típicas de los lugares históricos a la espera de desconocidos procedentes de otras ciudades con hambre de sorpresa. Y si, obtuve mi sorpresa..
Jamás hubiera pensado que cruzando el charco iba a hacerme tan consciente de mi esencia. Siempre lo supe, pero nunca me había hecho cargo, nunca me había sentido satisfecha con esta plenitud, con la que ahora entiendo que yo necesito magia para vivir.. siempre la traje a mis días, ca
da etapa de mi vida tiene un tinte dramático y mágico, repleto de todo tipo de sensaciones incrustadas.
Pasaban las horas y me liberaba cada minuto un poco mas.. mi pelo se secaba con el cálido aire que nos cubría, mi cara lavada se vestía de carmesí gracias al sol que abundaba en todo momento, la sonrisa constante era el accesorio mas genuino que hacia rato no tenia.
Y es que había terminado las clases en la universidad, el trabajo a estas alturas del año me estaba saturando el cerebro que aún resistía, los conflictos familiares no escaseaban y yo solamente quería algo de calma, nada mas.

Nos encontró la noche mientras elaborábamos nuestra cena y necesitábamos un abrelatas, en medio de la busqueda, un “que buscan?” fue el puente hacia la magia que mi corazón cansado disfrutaría a partir de esas palabras.
No pude evitar querer clasificar, mire los 3 pares de ojos que mi campo visual femenino priorizó, y todos estaban llenos del misterio puro que me apasiona.. de la energia amistosa que pocas veces se halla.. Pero un par de ojos cristalizados, los mas oscuros, para ser inútilmente especifica, expresaron otra cosa, tal vez los cristalizados eran mis sentidos. Era lo de menos.. el portador soltó en pocas palabras y algunos gestos tímidos, la sutil melancolía que atrajo a mi espíritu relajado. Un espíritu que se juró a si mismo no provocar ninguna atracción con el sexo opuesto, por lo que no manifesté ni una mueca del interés y la curiosidad que me instaló en el cuerpo ese ser humano, tan humano.

Solo me dediqué a apreciar cada palabra que salia de sus labios, oía su voz danzando en el canto propio que caracteriza a la gente de su provincia, no se qué le hacía a las palabras, pero en él so
naban atrapantes, y yo quería saber por qué.
Aunque en sus ojos tenía un mar profundo de vidas, jamás me sostuvo la mirada cautelosa, no me dirigió la sonrisa inocente que desplegaba cada tanto. Yo no estaba en su radar, pensé.
En una noche de anécdotas paisanas, relatos serios que terminaban en carcajadas, nos acompañaron largas caminatas y una playa que nos abrió un amanecer singular, con colores de otras galaxias que se fundían vibrando en sintonía con la energía de nuestros cuerpos, eramos todos felices en la orilla empedrada de ese río sin fin, que se convirtió en deposito de las piedras saltarinas que arrojábamos con fuerza. Y con nombre, según yo. Estaba amaneciendo y estábamos jugando.
Ya con el sol ardiente en lo mas alto, mi cara sonriente y relajada se hundía en la almohada cuando un mensaje envuelto me dio la pizca de ilusión que no quería tener, o que en lo mas profundo de mi negación quería que surgiera. Ahí estaba, una puerta entreabierta,  la cual hubiera abierto de un golpazo sin mas! pero no.. yo no iba a provocar nada, eso me había dicho y hasta el momento lo mantenía. Por lo que al día siguiente continué con mi ya debilitada decisión, aunque el condimento ya estaba echado y todo sabía mejor.20161210_045608
Llegaba la última noche, y ahora sí, se dignó a sostenerme algunas miradas lúcidas.. lo que me infundaba mas curiosidad, mas magia.
En un rincón inesperado me sorprendió boca a boca, y volvió a alejarse sonriendo. Eramos dos actores muy malos.. de alguna manera, siempre que miraba a un lado, el estaba ahí, y me reconfortaba su presencia, su cercanía.
Lo que fue, fue muy poco, pero lo suficiente para quererlo todo, para esta vez, ser yo la que sostiene su mirada en una imagen al cerrar los ojos, para aventurar mi alma, para recordarlo y brillar por dentro.

 

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